El nacedero de Urerra es uno de los destinos para viajar en autocaravana que no defrauda. Si los grandes pintores impresionistas europeos hubieran reparado en este escenario,no hay  duda que este rincón mágico habría sido inmortalizado por sus brochas y pinceles.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El nombre ya lo dice. En euskera “ur ederra”, significa agua hermosa. Un salto de cien metros de agua cristalina salido de las entrañas del macizo cárstico de la sierra de Urbasa se vierte sobre pequeños lagos de agua turquesa y verde esmeralda.

 

 

 

 

 

Conviene hacer un pequeño mapa de viaje, no solo para tomarlo como referencia,sino para no perderse los pequeños tesoros del camino. Hay que llegar al pequeño pueblo de Olazti para iniciar una subida sinuosa por el puerto de Legunbe. Las curvas de herradura constantes en toda la ascensión obligan a la autocaravana a retorcerse, al piloto a volantear y contravolantear. Si el copiloto es de sangre fría,  confía en el conductor merece la pena que deleite la vista con los bosques de hayas centenarios, con los vetustos robles y las vertiginosas laderas esculpidas por el viento y lluvia de miles de años. Naturaleza en bruto.     

 

 

 

 

Una vez en el alto, se despliegan extensas llanuras cubiertas de alfombras verdes, donde las ardi latxak, ovejas de raza vasca, y los pottokak, pequeños caballos originarios de norte de Navarra y Euskadi ,campan a sus anchas.

Una vez se acaba la planicie, la carretera desciende unos kilómetros en busca del guardián del nacedero, el pueblo de Bakedano. Al morir la carretera es preciso abandonar el vehículo en el aparcamiento y buscar la cartelería que conduce al sendero mágico. Solo se precisan unos cuatrocientos pasos para adentrarse en “la ruta de las bocas abiertas”, como dice algún dominguero. A la entrada el asfalto da el relevo a una senda de unos cinco kilómetros y doscientos metros de desnivel.

 

 

 

 

 

Parece sacado de un cuento de hadas”

Si lo primero que oyes son expresiones como ésta ya puedes pensar que el camino va a merecer la pena. Sólo adentrándose unos metros se encuentra la primera poza agua color esmeralda. La explosión de color es exultante. Unos metros mas adelante hay otra y otra. Pequeñas truchas plateadas brillan en el azul celeste, inmóviles para no pertubar la quietud del agua. Las primeras sensaciones de sorpresa tornan a quietud, placer y sosiego.

 

Lo más sorprende es que el paisaje sufre una metamorfosis dependiendo de la estación del año. Cada época tiene su encanto aunque es cierto  que en los días soleados los colores brotan a nuestro paso. Es un recorrido muy sencillo, apto para niños y mayores. El propio pueblo de Bakedano dispone de área de autocavanas así que

¡No hay excusa para pertrechar la autocaravana y sumergirnos en el tesoro que esconde Urbasa!